martes, 7 de noviembre de 2017

El miedo se apodero de caucasia

Por: Sergio Mesa (@sermeca)

Recorrer el municipio de Caucasia, en el Bajo Cauca antioqueño, es conocer de cerca lo que ha sido durante más de dos décadas una comunidad golpeada por el conflicto armado y los cultivos ilícitos, por la presencia de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), y ahora por las bancas criminales, propiamente ‘Los Gaitanistas’, quienes producen, controlan y distribuyen el negocio de la cocaína. Y las autoridades no han actuado como han debido.

En los archivos de prensa del periodista Leiderman Ortiz Berrio, director de La verdad del pueblo, quien vive custodiado por una escolta asignada por orden de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), está escrita la memoria de las víctimas y el registro de hechos que hacen parte de las investigaciones de la Fiscalía, los cuales son piezas que arman el proceso de desmovilización de los paras en 2006, con la desmovilización de Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’, quien operó en Caucasia.

Después de la desmovilización vino el rearme, como lo ha documentado el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), en el documento Rearmados y reintegrados: panorama pos acuerdos con las AUC, presentando en noviembre de 2015. Ellos siguen delinquiendo y creando temor.

En Caucasia, lo viví en carne propia, se vive en medio de la zozobra. Un día cualquiera puede haber uno o dos muertos. La intimidación se ha vuelto parte del paisaje. Las viudas y los huérfanos van en aumento.

El asesinato del periodista Dorancé Herrera, el 23 de noviembre, es apenas una advertencia de lo que puede sucederle a quienes denuncien la corrupción administrativa de las autoridades políticas del municipio. De quienes hoy gobiernan y han gobernado. Y de quien gobernará en el próximo cuatrienio. El contubernio entre la ley y el mal está pactado.

Las denuncias de Leiderman Ortiz han hecho que la crisis de gobernabilidad 
de un municipio, que no entiende uno cómo su alcalde está entre los mejores del país, pese a los índices de criminalidad, sea visible. Las obras de cemento opacan la ola de crimen  y los charcos de sangre. Es una bomba de tiempo a la espera de una chispa que la estalle.

Antes fueron los cultivos de coca –o eso dicen las autoridades, lo cual es una sofisma-, y ahora es la minería la que genera rentabilidad legal e ilegal, con entables en minas con licencias de explotación legal, mientras otros operan sus dragas, de manera ilegal, defendiéndose a sangre y fuego, mientras cobran las vacunas por producción de un gramo de oro.

Hace unos días el periodista Juan Diego Restrepo publicó en su columna de Semana lo que podría ser la hipótesis más fuerte del asesinato del periodista Herrera: “(…) las pistas para dar con los responsables de su muerte podrían comenzar en un artículo que escribió días antes de las elecciones del 25 octubre… titulado ‘El precio de servir a un desgraciado’, en el que cuestionó duramente al actual alcalde de Caucasia, José Nadin Arabia, por los líos surgidos alrededor de una finca llamada La Uribe”.

Las elecciones que acaban de pasar, en donde fue electo Óscar Aníbal Suárez, por el MAIS, después de Cambio Radical haberle negado el aval, fueron más corruptas que las anteriores, en 2011, en donde fue electo el alcalde Arabia Abissad, cuestionado por alias ‘Cuco Vanoy’ en el fallo de condenado del Tribunal Superior de Medellín, Sala de Justicia y Paz.

Las redes de contratación y los ríos de dinero que corrieron por Caucasia, en las elecciones recientes, impusieron el poder de la clase política, mas no la voluntad del pueblo, que sufrió intimidaciones que no fueron publicadas ni en la prensa escrita ni en los noticieros. Someramente la Misión de Observación Electoral (MOE) le hizo seguimiento a las denuncias ciudadanas. La Fuerza Pública está cautiva por el poder político de Caucasia

La más reciente captura de alias ‘León’, de la estructura de ‘Los Gaitanistas’, en el corregimiento de Piamonte (Cáceres), en donde según fuentes funcionan las ‘casas de pique’, son esfuerzos del Ejército para desmantelar a la criminalidad. Es una guerra en donde más se demora la captura que el nombre del nuevo jefe. Antes de él mandó alias ‘Darío’.

La investigación más reciente, sobre cómo operan las ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’ o ‘Clan Úsuga’, en el Bajo Cauca, la realizó precisamente Juan Diego Restrepo para la Fundación Ideas para la Paz (FLIP): “En los seis municipios que conforman esta subregión de Antioquia, las AGC han adoptado prácticas extorsivas similares, que tienen como víctimas a comerciantes, transportadores, ganaderos y mineros”. Una cruda radiografía que pone en escena el diario vivir de quienes ejercen el periodismo; y de todos los ciudadanos. (Ver investigación)

¿Es Caucasia y el Bajo Cauca un bastión de la criminalidad, en donde hay ausencia parcial del Estado? ¿Qué sucede en realidad en Caucasia, en donde los entes de control no operan pese a los hallazgos fiscales e investigaciones penales y disciplinarias en donde están involucrados los funcionarios públicos que saquean el erario público? ¿Hasta dónde llega en realidad el contubernio y las relaciones entre la política y la criminalidad? Eso está por verse.

Son preguntas por las que periodistas como Dorancé Herrera y Luis Cervantes, de Cáceres, buscando respuestas, fueron asesinados. El silencio y el miedo de apoderaron el clima de Caucasia. Mientras tanto Leiderman Ortiz seguirá vigilante del poder. Hay que rodearlo.

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[con información del periódico el Espectador]

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