viernes, 17 de noviembre de 2017

Caucasia | Mujer trans fue asesinada en Caucasia



16 Nov 2017 - 6:38 PM
redacción Nacional

Angelina Miranda tenía 25 años y era reconocida en esta zona del bajo cauca antioqueño por su activismo por los derechos humanos.

Hacia las 11p.m. de este miércoles hombres armados irrumpieron en la casa de Angelina Miranda, una mujer trans de 25 años que vivía en Caucasia, bajo cauca antioqueño. Después de cruzar unas palabras con ella, uno de los sujetos sacó su arma de fuego con silenciador y acabó con la vida de la activista propinándole tres disparos.

La población LGBT de la zona está atemorizada por este asesinado. En 2014 decenas de miembros de la comunidad fueron desplazados forzosamente por culpa de la violencia, y temen que se repita esa historia. Entre los días 6 y 9 de octubre de ese año fueron asesinadas en hechos aislados tres mujeres trans del municipio: Brayinela, Luna y Sucy, muertes que en su momento fueron atribuidas al Clan de los Úsuga y que siguen en la impunidad; en ese mismo día un líder gay de la Mesa Municipal de Víctimas fue asesinado, de acuerdo con Caribe Afirmativo.

[Con información del periódico El espectador]

jueves, 16 de noviembre de 2017

El ejemplo de Leiderman

A costa de su seguridad, este periodista se ha dedicado a poner en la picota pública la corrupción.

Los carteles de la mafia y la corrupción han sido investigados y denunciados por OrtÍz.
Foto: Salud Hernández-Mora / EL TIEMPO
Por: Editorial  16 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

El caso del periodista Leiderman Ortiz en Caucasia, bajo Cauca, dado a conocer ayer en un reportaje de Salud Hernández-Mora en este diario, es impresionante. Sobre todo, aleccionador. Se trata de la historia admirable, que por fortuna ya conoce el mundo, de un hombre atrincherado en su periódico local, La Verdad del Pueblo, armado con una pluma, luchando con la munición de la verdad contra poderosos escuadrones de corruptos, carteles de mafias o bandas criminales.

El de Leiderman es un caso prodigioso en un país donde los periodistas de provincia suelen verse indefensos, amenazados, desterrados o, por desgracia, asesinados. Pero él –empecinado desde niño en combatir todo aquello que no sea honesto, al precio que haya que pagar, incluso ahora, después de ocho años de tarea, arriesgando a su propia familia– se ha dedicado, a través de su periódico, a poner en la picota pública la corrupción local a todo nivel o a denunciar los tentáculos del narcotráfico en una zona donde ese monstruo ruge.

Metido entre hienas con sed de venganza, su lucha desigual pero admirable, valerosa y ejemplar, ya le ha costado un par de atentados con granadas. Además, se sabe de otros, con sicarios pagados, que se han frustrado. Porque allí su vida tiene alto precio. Por suerte, la Unidad Nacional de Protección le ha brindado seguridad, que desde luego se le debe mantener e incluso fortalecer.

Él ha hecho mucho: ha salvado vidas, defendido lo de sus coterráneos, denunciado entuertos ante la Fiscalía a través de su medio; ha hecho periodismo sin maquillaje, de frente, con nombres propios. Lo menos que queda es acompañarlo, que sus paisanos retomen su valor y le sirvan de escudo, pues por ellos Leiderman se juega la vida.

Este comunicador está ejerciendo con lujo de detalles la labor fundamental de la prensa. Ojalá sea escuchado, lo cual es también tarea de los entes de control y de la justicia. Sobre todo, que no siga batiéndose solo y se salvaguarde su vida.

-editorial@eltiempo.com

[Con información del periódico El Tiempo]

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Caucasia | Leiderman Ortiz, el periodista a quien muchos quieren matar

Su cruzada contra la corrupción y las ‘bacrim’, en Caucasia, le ha valido amenazas de muerte.

Los carteles de la mafia y la corrupción han sido investigados y denunciados por Ortiz. - Foto:  Salud Hernández-Mora / EL TIEMPO
Por: Salud Hernández-Mora

Caucasia. Pocos periodistas han esquivado a tantos matones. Hasta la fecha ha logrado salir indemne de dos atentados y tres planes de asesinato, pero sabe que sus enemigos no se rinden y volverán a intentarlo. Mientras siga vivo, representa una amenaza a los intereses de corruptos y bandas criminales.

“Han tenido siempre la sed de que me quiten el esquema de seguridad para que me maten”, afirma con una serenidad aderezada de resignación y cansancio. El evidente hartazgo de soportar un escudo de cuatro escoltas y el encierro en el diminuto búnker-oficina-casa donde transcurren la mayor parte de sus jornadas ha agrietado la esperanza de ser algún día un hombre libre, de caminar tranquilo por las calles de su natal Caucasia. Es consciente de que resultará imposible mientras siga atacando desde su periódico a grupos mafiosos y destapando robos al erario y las consiguientes relaciones non sanctas de la clase política local.

“Han contratado a Raimundo y todo el mundo para matarme y no han podido. Y ahora que yo mismo los agarro, me tienen más ganas, pero también mucho respeto”. Aunque transmite una firmeza inquebrantable, Leiderman Ortiz, de 43 años, no es Rambo. A veces lo embarga el miedo y le entran ganas de pasar página, cerrar 'La Verdad del Pueblo' y marchar lejos. Pero nadie le abre puertas fuera y tampoco es capaz de callarse. En cuanto huele corrupción, sale como un perro de presa a atrapar al ladrón con su pluma tajante. Y, por desgracia para él y sus paisanos, lo que existe a raudales en Caucasia y los demás municipios del bajo Cauca antioqueño es corrupción y poderosas bandas narcotraficantes.

En estos momentos impera el ‘clan del Golfo’, o ‘los Gaitanistas’, como se hacen llamar en la región; antes fueron las Auc, ‘los Rastrojos’, ‘las Águilas Negras’...

“El bajo Cauca es el epicentro del narcotráfico, tenemos un corredor espectacular para la coca”, comenta Leiderman. “Ahora los chichipatos de ‘Macaco’, de ‘Cuco’ Vanoy (ambos excabecillas paramilitares, presos en Estados Unidos) son los grandes jefes. Lo de la entrega de Otoniel Úsuga es una utopía de paz, porque se va uno y sale otro”.

Caucasia cuenta con una larga historia de violencia. Pese a su pujanza, a contar con una población emprendedora y trabajadora, siempre han estado sometidos al poder de las mafias. Ser parte de una ruta de drogas hacia la costa Caribe y estar en una de las zonas acuíferas más ricas del país tampoco ayuda. Son señuelos que atraen a los ilegales de todo pelaje.

Y Leiderman se enfrentó a la titánica labor de contribuir a limpiar el territorio y hacerlo algún día un lugar apacible. La realidad indica que aún está lejos de alcanzar su propósito, aunque ha despertado conciencias y puesto contra la pared a la clase dirigente y a los matones.

Ya ha superado los cuarenta números de 'La Verdad del Pueblo', que edita cada vez que puede con la sola ayuda de una diseñadora. En cuanto pisa la calle, se lo arrebatan de las manos a los vendedores. “No me han matado a ninguno”, asevera con cierta tranquilidad. Saca tiradas de mil o dos mil ejemplares, que podrían ser más si contara con la financiación suficiente. “En Piamonte (corregimiento) lo compran hasta los bandidos”, dice. “He sido la piedra en el zapato de los mandatarios porque son corruptos. A todos los que he señalado los han investigado. La corrupción es la criminalidad mayor, y la alimenta la falta de oportunidades”.

Los escasos ingresos que obtiene le alcanzan para pagar las facturas y poco más. Fue gracias a una recompensa de 30 millones por la captura de un delincuente que él ayudó a localizar como logró zafarse de algunas culebras. “Pude quitar la hipoteca de la casa de mi mamá”, rememora. La vivienda es contigua a su oficina y también es su hogar. “La salvé, y me quedó un poco para comprar un celular”.

Leiderman no exhibe un título universitario. Su falta de formación académica la suple con una honda vocación por el oficio de periodista combativo. Y siendo niño conoció el precio de cantar verdades. “Desde que estaba en el colegio me gustaba. Saqué un periódico, El Criticón, en el que di palo a un profesor y me costó perder el año”, rememora. “No he podido terminar una carrera, solo estudié dos semestres. No habrá sido perfecto lo que hago, pero, gracias a esa vocación, a ese entusiasmo, he demostrado que el periodismo no debe ser arrodillado, ni de estómago”, asevera. “Debemos trabajar en favor del pueblo, somos sus vigías, su escudo, la voz de los que no tienen voz. Tenemos que destapar mucha corrupción, muchas verdades que siguen ocultas”.
Hay gente que no se me arrima porque le doy miedo
Con orgullo, asegura que con su trabajo ha “salvado muchas vidas”, pero quisiera que la suya no estuviera en permanente riesgo. “No puedo negar que en ocasiones he pensado irme, nunca he descartado otros caminos. Pero no tengo a dónde llegar, quien me reciba. También me he planteado cambiar de oficio, pero nadie me acepta con este problema de seguridad, a la gente le da miedo. Y creo que me la pasaría muy frustrado enterándome de actos corruptos y no pudiendo denunciarlos”.

No culpa a sus convecinos por hacerle sentirse un paria al que nadie quiere acercarse. El atentado en que arrojaron granadas a su oficina y al patio de la casa, estando con su mamá y sus sobrinos, además de otro fallido, y de los planes abortados para matarlo, así como las permanentes amenazas, lo convierten en una peligrosa compañía.

“Hay gente que no se me arrima porque le doy miedo; llego a un establecimiento público y se paran. Yo lo acepto, lo entiendo”, comenta, pesaroso. “Hace poco le dispararon a un comerciante, quedó herido, y me llegó la información de que lo iban a matar por ser amigo mío”, cuenta. “Tengo que investigar eso porque de todo lo que me ha pasado, es la primera vez que escucho algo así, y me preocupa mucho porque nadie volvería ni siquiera a hablarme. Ese señor solo era un conocido, ni siquiera amigo”.

Repasando sus publicaciones, lo sorprendente es que aún siga vivo. Su lenguaje directo y las noticias que se atreve a publicar no son habituales en esa otra Colombia de institucionalidad precaria, controlada por las bandas criminales, que imponen la ley del silencio. En multitud de localidades de ese tipo, los periodistas optan por ignorar las noticias que pueden situarlos en el punto de mira de las ‘bacrim’ y los corruptos.

Bajo el título de ‘Cayó otra bandida de Caucasia’, Leiderman recuerda que la mujer objeto del artículo fue amante de dos criminales, ‘Diente de Palo’ y ‘Metralleta’. Del corregimiento Puerto Claver, de El Bagre, realiza una radiografía en la que no omite detalle del accionar de los grupos delincuenciales. “Lo más triste es que hacen lo que les da la gana con la comunidad; cuando algún cabecilla está de malos momentos, ordena que ninguna persona del comercio abra sus puertas y nadie pueda salir de sus casas; casi que los tienen secuestrados”, escribe.

“Bandas criminales extorsionan y manipulan el transporte formal y pirata en Caucasia”, reza uno de los apartes de un extenso informe que el periódico ha investigado y en donde no se salva nadie. Especifica nombres de los delincuentes que manejan el negocio, publica fotos de vehículos, acusa a la policía de cobrar de los piratas, denuncia minas de oro ilegales junto a instalaciones militares, deja en evidencia las mentiras de un alcalde con pruebas gráficas irrefutables. En otro texto desvela la estafa a setecientas personas de un candidato a la alcaldía; o descubre un contrato abusivo de iluminación.

“Los carteles de la mafia y la corrupción en la alcaldía de Caucasia”. “El Inpec de Caucasia, cada día más corrupto”. “El cartel de la corrupción y la permisividad de los órganos de control”. En uno más, señala: “Este medio de comunicación ha realizado varias denuncias por corrupción en la Fiscalía (...). Este medio, sin ninguna logística, sin herramientas, sin personal, logra hacer investigaciones rápidamente, consigue pruebas, identifica corruptos. Pero en la Fiscalía, que tiene personal experto, grupos de trabajo, la mejor tecnología, ¿por qué los procesos son lentos? (...). La corrupción cada día crece y amenaza a una población que tiene que callar porque si no, al otro día no amanece”.

Adereza sus denuncias con mensajes contundentes destinados a sus lectores: “¿Quién será más cobarde, el sicario que ataca por detrás o el ciudadano que no denuncia de frente?”. “El pueblo que elige corruptos no es víctima. ¡Es cómplice!”. “Atención, Atención, Atención (...). La Verdad del Pueblo está atento a recibir cualquier información de la comunidad sobre bienes inmuebles que estén a cargo de grupos subversivos o de delincuencia organizada. ¡Denuncie esos bienes! Fueron arrebatados por los delincuentes a personas de bien”.

"Hace años saqué la ‘mermelada’ de Musa Besaile por estos lados, y vea que ahora el país viene a descubrirlo"

Sobreviviente

Son variadas las razones por las que fracasaron las tentativas de asesinar a Leiderman. La de agosto del 2016 se debió a que pagaron una cifra muy baja al sicario y este, insatisfecho, prefirió incumplir el mandato. “Al parecer, el dinero ofrecido no era suficiente para los que venían a hacer la vuelta desde Medellín; fueron 90 millones de pesos que salieron desde la alcaldía de Caucasia y fueron repartidos en partes iguales entre tres personas bastante interesadas en el asesinato del periodista. Además, alias Tony debía poner 20 millones de pesos adicionales”, relataba 'La Verdad del Pueblo' sobre ese caso.

Uno de los argumentos que esgrime Leiderman para validar su trabajo es que nunca han podido desmontar sus denuncias; el tiempo, de manera inexorable, siempre le da la razón. 
“Hace años saqué la ‘mermelada’ de Musa Besaile por estos lados, y vea que ahora el país viene a descubrirlo”, indica. Pero teme que lo maten o que alguno de su familia, que siempre suplican porque abandone el trabajo, resulte afectado. Por eso, además de los cuatro guardaespaldas de la Unidad Nacional de Protección y la camioneta, ha blindado la ventana y la puerta de su diminuta oficina, que da a una de las calles principales de Caucasia.

“El mensaje que yo quiero hacer llegar es que los grandes héroes de la patria, políticos, militares, están en los cementerios, y yo quiero romper ese paradigma. Llevo ocho años denunciando corrupción y bandas criminales, y quiero ser un héroe contando verdades, pero un héroe vivo”.



[Con información del periódico El Tiempo]

sábado, 11 de noviembre de 2017

Juez de El Bagre se comió una SIM Card durante la captura


Por: La Verdad del pueblo
Email:prensa32@hotmail.com

Según la Fiscalía, Fredy Edgardo Gómez Padilla se comió la tarjeta Sim Card de su teléfono. Es investigado por exigir dinero para devolver un carro embargado.

Foto: El juez Fredy Edgardo Gómez Padilla fue trasladado a Medellín en un helicóptero del Ejército Nacional.

Fredy Edgardo Gómez Padilla, juez promiscuo de El Bagre (Antioquia) acaba de ser enviado a prisión para que responda por una denuncia que hay en su contra por, supuestamente, recibir 2’500.000 de pesos para favorecer a un comerciante en un proceso por el embargo de un vehículo.

Gómez Padilla fue detenido la mañana de este martes en su despacho y ante hombres del CTI, dijo la Fiscalía, se comió la Sim Card de su teléfono celular para no entregarla a los funcionarios que lo capturaron.

Según informó la Fiscalía, en la denuncia contra de Gómez Padilla se dice que este habría exigido el dinero para levantar la medida cautelar que pesaba sobre el automotor.

Asegura el organismo judicial que “pese a que el comerciante entregó el dinero acordado en varias cuotas, la Secretaría de Movilidad y Tránsito de Envigado (Antioquia) no entregó el rodante, luego de verificar que el oficio del citado Juzgado no hacía parte del proceso judicial al que estaba sometido”.      
               
El funcionario fue trasladado a Medellín, donde la Fiscalía Primera Delegada Ante el Tribunal Superior de Medellín le imputó cargos por los delitos de concusión en concurso homogéneo y sucesivo, falsedad ideológica en documento público en concurso homogéneo y sucesivo y fraude procesal en concurso homogéneo y sucesivo, conductas punibles a las que no se allanó.

El INPEC de Caucasia: cada día más corrupto


Por: LeidermanOrtiz Berrio
Email: prensa32@hotmail.com
 Centro penitenciario carcelario de Caucasia.

Caucasia cuenta con un Centro Carcelario que no tiene las mínimas condiciones de seguridad, el cual está compuesto de tres patios y cada uno tiene un promedio de 50 reclusos, aproximadamente, sin descartar que hasta la fecha hay un hacinamiento bastante grande que pone en riesgo la protección de los Derechos Humanos de cada interno, ya que las condiciones en las que viven estos son infrahumanas.

La verdad del pueblo pudo llegar a tener varias fuentes desde la cárcel, lo que le dio la oportunidad a este medio de escuchar las inconformidades con las que viven los reclusos, además, de conocer un poco acerca de la supuesta mafia que existe con algunos guardianes del INPEC de Caucasia.

Es tanta la corrupción que hay con los guardianes de la Cárcel de Caucasia, ese lugar carcelario no es una mansión como para decir que es imposible de controlar cualquier control que se haga para el ingreso del visitante, pero si es raro ver como ingresa fácilmente la droga, celulares, y una cantidad de cosa que está totalmente prohibido. 

Están pequeño esa cárcel que hasta los guardianes se tropiezan entre ellos mismo, y además no se puede comparar la cárcel de Caucasia con la de Bellavista, la de Pedregal, o La Modelo etc. que esos  centros penitenciarios son sitios de alta seguridad y tienen una construcción de área muy grande y que se podría  equivocar que es más difícil de manejar y controlar tanta gente que van de visita a su familiar.

Pero en Caucasia para entrar a la cárcel lo primero hay que hacer, es ir de chanclas, sin correas, la comida se debe llevar en un porta transparente, le hacen un revolcón a los alimentos, requisan al visitante, después le pasan un detector de metales, le ponen un sello en la mano derecha para identificar al visitante. A pesar de tanta restricción, seguridad y control, es imposible creer que en los presos tenga celulares, marihuana y otros objetos que están prohibidos.

Si se cuenta con una cárcel pequeña, con tres patios y con una cantidad de aproximadamente 150 internos y fuera de eso no es mucho el personas que vienen de visita, o sea fácil y manejable el control de cada persona que ingresa, entonces por qué hay tanta vagabundería y corrupción en los patios, y a eso se le suma la complicidad de algunos guardianes que hacen parte de ser cómplice para dejar meter la marihuana, el bazuco, el perico, los celulares etc., a los patios.

Que los guardianes no salgan con el cuento que no saben nada, que no han visto nada, porque la verdad son ellos los cómplices de la corrupción tan grande que existe y no ha habido director que le ponga el tatequieto y el orden a eso.
 
En entrevista con un recluso cuenta lo siguiente: “La comida de nosotros es muy mala, a veces llega como si fuera una aguamasa y no solo eso, hay guardianes que nos maltratan, nos pegan, no humillan como también le pasa droga algunos de mis compañeros a cambio de plata”. Pero no solo eso, La verdad del pueblo pudo enterarse cosas más increíbles sobre algunos guardianes que reciben plata para que los presos que tienen domiciliaria, los deje andar o salir de Caucasia; cuenta un recluso.

 

Este es uno de los patios de la cárcel de Caucasia, donde puede verse las condiciones inhumanas. Ahí duermen, se bañan, lavan y cuando llueve tiene que levantarse a espera que termine de llover para seguir durmiendo, encima de ellos tienden la ropa, los baños son una cochinada como dice un refrán: ”vive mejor un perro en la calle que estos reclusos”.

Pero lo más llamativo es de un preso que habló a este medio todo indignado por el comportamiento de algunos guardianes, como Barreto y Ruiz.  Dice la fuente que son los que más camuflan cosas en el penal para entregárselas al que lo necesita y reciben su recompensa económica. Otro es un tal Jaramillo, es el judicial, “el que maltrata a los presos cuando se levanta de mala gana o pelea con la mujer, porque se desquita con los reclusos”, cuenta la fuente. 

Pero no solo es eso, también en la cárcel hoy lugares donde el interno debe pagar para estar bien. “Lo que llamamos la vip que existe”. Esto cómo lo permite la directora de la cárcel, tanta corrupción, cuando el centro penitenciario es como quien dice una casa y que su control es más fácil que la de las cárceles Bellavista, La Modelo, entre otras de mayor seguridad.

Las preguntas de este medio de comunicación son las siguientes: ¿Por dónde entran los celulares y la droga al centro penitenciario y a los patios? ¿Si en la cárcel de Caucasia tiene tres patios y es manejable su seguridad, entonces que pasa con el control?

La seguridad de la cárcel de Caucasia puede ser más segura que cualquier otra cárcel más grande que exista en este país, por lo que es muy pequeña y son muchos los guardianes que hay, todo es más controlable, en pesando por las visitas, ¿entonces qué pasa?

Información muy delicada entregada a este este medio: existen guardianes en complicidad con los internos, situación que no viene pasando ahora, si no años atrás, ¿será que hay confiabilidad en los guardianes del INPEC de Caucasia, cuando existe tanta corrupción?

Vale la pena que los organismos de control como la Fiscalía, Procuraduría y la misma Contraloría, realizaran sus respectivas investigaciones: primero, el manejo de los recursos en el presupuesto del INPEC y sus compras en los alimentos; segundo, el tema de la corrupción de algunos guardianes del INPEC con presos de la cárceles. Investigar por qué y cómo entran los elementos a los presos que son prohibidos y más en una cárcel que es manejable y segura para no dejar permitir o que se cuelen cosas que no se pueden permitir.

Es importante que se hagan una auditoria de parte de los organismo de control y dela dirección general del INPEC a la cárcel de Caucasia.



Siguen delinquiendo los hijos de Caucasia

Adela Isabel Pasos Fernández

Por: La verdad del puebloEmail: prensa32@hotmail.com
La parte investigativa de este medio de comunicación, encontró otra persona de Caucasia realizando cobros a algunos comerciantes de esta localidad del Bajo Cauca antioqueño.

Adela Pasos, una mujer que reemplazó a alias Camila, de la organización del clan Usuga que venía cobrando las vacunas en algunos sitios del comercio y que hace parte de las Bandas Criminales, bajo mando alias Darío, que se encuentra en el Corregimiento de Piamonte, del municipio de Cáceres, Antioquia.

Adela Isabel tiene una hija, y su familia vive en el barrio La Ye en el sector de la Institución Educativa  Santo Domingo; un barrio que históricamente desde que empezaron a surgir las Bandas Criminales los Jóvenes de ese sector han resultado involucrado a estos grupos al margen de la ley. Actualmente se encuentran varios de ellos presos y otros muertos por esta guerra de bandidos.

Los investigadores de este medio, pudieron constatar con varias víctimas, donde la señalan de cobrar vacunas en remplazo de alias Camila. Sin embargo, no se descarta que la organización criminal del Clan Úsuga y Los Paisas mantienen relevando el personal para desvirtuar cualquier trabajo de investigación por parte de las autoridades.

Para este medio de comunicación, con su unidad investigativa en cuanto a bandas criminales, no le ha sido difícil detectar los bandidos que vienen cobrando las vacunas en todo el Bajo Cauca y en especial Caucasia. Lo más triste es ver Adela Isabel Pasos, una mujer elegante y de buena familia prestándose para estar involucrada con grupos al margen de la ley y atropellando su propio pueblo, donde vive come y tiene su familia,  para delinquir.

Para nadie es un secreto que algunos hijos de Caucasia se integraron a trabajar con las bandas criminales y la mayoría de ellos provienen de familias de bien, trabajadores y conservadoras, entonces ¿qué está sucediendo con este fenómeno de los hijo del pueblo?

jueves, 9 de noviembre de 2017

En Campamento, la democracia pende de un hilo

El raspachin Arquímedes Valderrama el popular “Chuma”, lo acusan de unos asesinatos

                         

"No se le puede atribuir la muerte de esos dos señores sólo a la guerrilla, porque hay muchas versiones", declara Sonia Jaramillo [1], mujer de 71 años de edad, sobre el asesinato de dos de los candidatos a la alcaldía de Campamento el pasado 30 de mayo. Donay Correa Londoño, avalado por el partido de la Unidad Nacional y Guillermo Roldán Correa, de Cambio Radical, fueron abaleados en una vereda que queda a más de cinco horas del casco urbano de tan sólo 500 metros cuadrados de extensión, por un par de muchachos que “dieron la cara pero sólo dijeron que el crimen se cometió por ‘órdenes del patrón’”, cuenta Sonia. La muerte de los aspirantes fue, según fuentes oficiales, causada por el frente 36 de las FARC.

No es la primera vez que los 9.330 habitantes del municipio del norte antioqueño son víctimas de la violencia, la intolerancia, del conflicto armado que no es más que el reflejo del conflicto social, consecuencia, a su vez, de la ineficiencia y el abandono del Estado. Campamento ha sido, desde la época de La Violencia, un corredor de grupos armados ilegales; “el pueblo ha sido habitado por las FARC, los ‘elenos[2]’ y por los paramilitares”, asegura la anciana Sonia, nativa del municipio de Campamento y víctima de la guerra absurda que ni las armas, ni el ejército, ni el Plan Colombia han podido acabar, y “que conste que la cuestión de La Violencia en este país inició por el partido Conservador”, promulga Sonia.


Candidatos a la Alcaldía de Campamento asesinados el 30 de mayo de 2011. En la izquierda, Guillermo Roldán; en la derecha, Donay Correa.  Foto extraída de cosmovision.tv

Desde el asesinato de Rafael Uribe Uribe el 15 de octubre de 1914, cuando irrumpió “la chuzma” a Campamento, que era un pueblo godo, a acabar con los liberales; hasta el día de hoy, en el que son las FARC y el negocio del narcotráfico los que dictan la ley, es el campesino, el cultivador de caña, la familia humilde que levanta a sus hijos a punta de agua de panela, los que han sufrido las consecuencias. En los ochentas y noventas, “la guerrilla (primero las FARC, y después el ELN) se estuvo en Campamento como Pedro por su casa”, dice Sonia. Después, en el 2001, los paramilitares se tomaron el pueblo. Posteriormente, las FARC atacaron de nuevo al municipio, expulsando a los paramilitares, y como recuerda Sonia, “hubo una mortandad tan horrible que hasta ahora no se sabe de cuántos muertos fue”.  
Municipio de Campamento, en el norte antioqueño.

El alcalde actual de Campamento, Adelmo Sánchez, del partido Conservador, se encuentra suspendido por corrupción en los procesos administrativos; dos de los candidatos a la Alcaldía fueron asesinados, y para agravar la situación, el candidato que hoy se perfila como favorito y posible ganador, Gildardo Álvarez, más conocido en el pueblo como “Ñoño”, y con el aval de los conservadores, está siendo apoyado económicamente por Arquímedes Valderrama, personaje que según Sonia es de Campamento pero no vive allá, y consiguió el dinero que ostenta trabajando como raspachín[3]. Álvarez es además defensor del alcalde suspendido.

Los otros dos aspirantes a la Alcaldía son Héctor Gómez, de 24 años, que lanzó su candidatura por la Alianza Social Independiente, y Lina María Duque, de 28, que cuenta con el aval del Partido Verde. Gómez fue el secretario de campaña de Donay Correa, y plantea poner en práctica las políticas que promulgaban los dos políticos asesinados. Aunque Héctor ya ha recibido amenazas, no piensa retirarse de la contienda, que está corruptamente inclinada hacia las banderas azules. Como lo comprueba la revista Semana, el día de la inscripción de cédulas en Campamento, llegaron 20 buses de otros municipios del departamento, 17 de ellos contratados por Gildardo Álvarez y su patrocinador, Arquímedes Valderrama, también llamado ‘Chuma’.

Que ‘el patrón’ que ordenó el asesinato de Donay y Guillermo fue ‘Chuma’, personaje obsesionado con que ‘Ñoño’ llegue al poder, es algo que no se puede aseverar. Que Héctor Gómez y Lina María Duque pueden hacerle frente a la compra de votos, no se puede prever. Lo que sí se puede denunciar con toda seguridad es que en Campamento la democracia está pendiendo de un hilo.

“Si ese señor (Gildardo Álvarez) gana yo no vuelvo a decir que soy de Campamento”, culmina Sonia.  

[1]Nombre cambiado a petición de la fuente.
[2] Así llama Sonia a los guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
[3] Un raspachin es una persona que trabaja raspando las plantas de coca.  


Espere otras investigaciones que este medio está realizando del señor Arquímedes Valderrama el popular “Chuma”  o el “Panelero” en el lugar donde vivía en el municipio de Campamento; otro secuaces más del Exalcalde José Arabia, tal palo tal astilla.